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Víctor Martín Iglesias
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Bio-bibliografía
Víctor Peña Dacosta (Plasencia, 1985) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, donde actualmente cursa un doctorado en Vanguardia y Posvanguardia en España e Hispanoamérica. Ha ejercido como profesor de español para extranjeros en la Universidad de Salamanca y de profesor de lengua castellana y literatura en diversos centros de Extremadura y Marruecos, y parece que seguirá haciéndolo. Como narrador, ha ganado algunos premios regionales y nacionales de ínfima categoría y, como ensayista, además de prologar el próximo libro del poeta andaluz Miguel Ávila, ha publicado artículos sobre José María Fonollosa o Rodrigo Fresán en revistas como Periplo, Addar Al Baïda o Naufragios. Su poesía es iniciática y balbuceante, por el momento ha sido publicada en plaquettes como la Bala De Seda o La Letra Nazarí y, según dicen, será incluida en una antología de joven poesía extremeña de próxima publicación. Además, espera poder reunirla en uno o dos poemarios titulado(s) Trabajos de amor disperso y/o Los papeles del divorcio. También es letrista del inexistente grupo de rock Un Hombre Exquisito, con el que trabaja en su primer disco (Nota de suicidio comercial). Mientras tanto, se dedica compulsivamente a la creación de blogs: entre ellos, su blog (más) personal (http://arrebatosaliricos.blogspot.com/), el de Un Hombre Exquisito (http://unhombreexquisito.blogspot.com/) y su blog, digamos, sobre fútbol (http://elsentidotragicodelaliga.blogspot.com/). Todos ellos es probable que los abandone sin previo aviso a la intemperie del ciberespacio.
Poética
A mí tampoco me gusta.
Pero, al leerla con absoluto desprecio, descubrimos
en ella, al fin y al cabo, espacio para lo auténtico.
(Poesía. Marianne Moore.)
Remedando a Marianne Moore, yo simplemente intento escribir con absoluto desprecio hacia mí mismo, hacia La Poesía y hacia cuanto me rodea. Quizás así pueda encontrar espacio para lo auténtico. Quién sabe. No estoy muy seguro. En realidad, leo mucha más prosa que poesía. He estudiado más prosa que poesía y he reflexionado, escrito y hablado más de prosa que de poesía. Me cuesta mucho teorizar sobre ella en general y más sobre la mía en particular. Aspiro a que no se quede en la típica poesía de realismo sucio, que como lector no soporto, pero que como autor no puedo asegurar que no sea lo que, más o menos, acabe saliendo (aunque espero que no sea así y a veces me despierto envuelto en sudores fríos gritando que no puede ser así). En ese caso aspiro a llegar algún día a la altura de los poemas decentes de Roger Wolfe, Riechmann o Pablo García Casado y no quedarme a la altura de los peores poemas de Roger Wolfe, Riechmann o Bukowski.
Poemas
- Timidez
Te miro como a un libro que no entiendo,
que alguien tuvo a bien regalarme
y del que todavía no me he deshecho.
Eres guapa. No te conozco.
No te debo nada.
Tú a mí, la verdad, tampoco.
De repente,
me da vergüenza besarte.
En este momento de sofoco,
en el que nada entiendo,
ni siquiera me atrevo a preguntarte
si te importa que me corra dentro.
-Lo peor de todo
Lo peor no ha sido que te fueras como te fuiste
(y los dos sabemos que te fuiste de muy malas maneras)
ni que te fueras cuando te fuiste
(y sabes que no pudo haber un momento más inoportuno)
sino que vengas cuando vengas
vengas como vengas,
y lo hagas cuantas veces creas oportuno
regodearte con mi amor pazguato y humillado,
yo seguiré esperándote de brazos y pecho abiertos
abjurando de partículas interrogativas y pretéritos
que no pueden entender, imbéciles,
que has vuelto, que por fin has vuelto
y que esta vez quizá sea para siempre.
-Lo peor de todo (reprise)
Lo peor no es que digas que no quisiste hacerme daño.
Lo peor es que seas capaz de engañarte a ti mismo:
que seas tan memo con tal de no sentirte culpable.
Sé que puedes sonar muy convincente, víctor:
yo también creí tu versión cuando me contaste,
los dos en la cama, desnudos, entre susurros
y pausas dramáticas, cómplices y cobardes,
tu versión de la historia con lydiavanesa-
maríaanacarmelasusananataliaquiénsabe…
Supongo que ahora paso a engrosar esa lista
mientras estafas a otra en tus sábanas infames.
Pero a mí no me engañas, víctor. Ya vale.
No eres inocente, cariño, y lo sabes.
Ya ni tú te engañas.
Me apuesto lo que quieras
a que ni siquiera tú mismo
eres capaz de decirlo en voz alta.
-Ya es primavera en el Corte Inglés
Estabas preciosa con tu uniforme de El Corte Inglés
y yo iba muchos días a esperarte a la salida.
¿Te acuerdas? Te esperaba detrás de una esquina
te tapaba fuerte la boca, para que no gritaras,
susurraba que como te movieras te mataría,
te arrastraba a un portal cercano
entre empujones y amenazas soeces
y luego jugaba a violarte.
Y tú jugabas a que te violaba
y te gustaba.
Después nos íbamos a casa riendo
creyéndonos los más modernos,
los más abiertos
los más fantasiosos con sus fantasías
y su vida sexual de mentirijillas.
Pero un día de primavera ¿te acuerdas, mi vida?
Te esperé en una esquina diferente,
te tapé la boca de otra manera,
puse otra voz para amenazarte
¿te acuerdas?
Y también varié el ritmo, la presión
y el ángulo habitual de mis embestidas.
Ese día ¿te acuerdas, zorrupita?
Te corriste más que nunca,
volvimos a casa sin hablarnos,
nos acostamos sin decirnos nada.
Al día siguiente antes de que volvieras
yo ya me había ido de tu casa.
Estabas preciosa con tu uniforme de El Corte Inglés.
Incluso con los pantalones enrollados por la rodilla.
Pero no he vuelto a comprar en esa jodida tienda
desde aquel fatídico día (¿te acuerdas?)
y cada vez que anuncian que ha llegado la primavera
me escondo en aquella misma esquina
y lloro tu recuerdo a lágrima viva.
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